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martes, 18 de septiembre de 2012

Cómo escribir una carta


Antes de todo date un tiempo, pon la mente en blanco y decide la persona a quien quieres escribir, si es una respuesta será más simple. Elije un lugar tranquilo, de preferencia una mesa, la iluminación es importante, si es de día junto a una ventana y si es de noche recomiendo que sea bajo la luz de una vela. El material para escribir es importante, escoge una pluma especial, luego toma una hoja en blanco y enfréntala, no le tengas miedo; algunos no tardan mucho en escribir, otros, como el hombre que quería escribir una carta morirán en el intento. Las primeras palabras son las más difíciles, si no te decides por un hola o un que tal sugiero que comiences con un “Te escribo”, si no te gusta también se puede empezar con un estimado, de acuerdo a que tipo de carta sea; las hay de negocios, de malas noticias, cartas urgentes, anónimas y algunas de amor. A las cartas de amor no deben faltarle el nombre del ser amado con letra pulcra, tampoco las palabras “Te amo”, “Te extraño” e infaltable los besos en tinta.

Cuando termines léela una y otra vez hasta asegurarte que tus palabras son exactas, luego doblarla al gusto hasta que quepa en el sobre que previamente debiste comprar, de preferencia que tenga los bordes de franja roja. Moja los bordes de la tapa, la sellas hasta asegurarte que no se abrirá en el camino, luego, en la cubierta escribes los datos y listo.

Lo que sigue es llevarla al correo o dejarla bajo una puerta.



sábado, 14 de julio de 2012

Nuevos lances, otros fuegos (Lima, 2007)


Es el título de esta colección de cuentos que reúne a jóvenes narradores de los últimos años. Esta compilación coordinada por Miguel Dante Idelfonso, quien junta a narradores peruanos aparecidos en estos años a través de publicaciones de sus primeros libros o por el reconocimiento de concursos literarios.

Una cicatriz rencorosa, es el título que le otorga a su cuento, Fernando Carrasco, quien inaugura el libro. El fragmento: “Porque la cara es tan sagrada como la madre o la mujer” que nos regala Mario Vargas Llosa en La guerra del fin del mundo inspiro este relato.
Augusto Effio, autor de Lecciones de origami, nos cuenta la historia de la historia de un segundo hermano que se cree defectuoso y que descubre que las presentaciones de libros son el lugar perfecto para hacer dinero; todo esto ocurre en el genial cuento, Un parpadeo de Gene Hackman.
¿Dónde estás Andrea? De David Falcón, nos muestra que la felicidad para algunos puede ser fatal. Con un lenguaje sencillo, nos enseña que por amor se puede renunciar a la felicidad.
Sergio Galarza, publico libros de cuento como, Matacabros(1996), El infierno es un buen lugar(1997) y la Soledad de los aviones(2005). Esta vez nos regala el cuento Velas, que nos narra la vida de una pareja que se sumerge en las discordias.
Al mejor estilo de Julio Cortázar en el cuento Los venenos, Miguel Ildefonso presenta el cuento Silvia, que nos recuerda la inocencia del primer amor en nuestra infancia.
Un futuro caótico en el que un hombre caza personas como si fuesen animales; es el escenario de El francotirador de Alex Iparraguirre.
Gonzalo Málaga nos presenta La isla, un cuento corto que nos muestra a un joven que persigue el sueño de un capitán.
Ezio Neyra, reúne a tres personas disimiles entre sí que trabajan sin descanso con el fin de concluir un proyecto, en el cuento La construcción.
Susanne Noltenius, nos cuenta el recuerdo de la infancia del personaje principal y nos describe a Domitila, la empleada obesa quien ayuda al protagonista a afrontar la muerte de su hermano.
Las telas, es el cuento de Johann Page que nos narra un extraño amor adolecente.
Claudia Ulloa reflexiona sobre el verdadero significado de aquellos depósitos de agua en el cuento Piscina.
Quien cierra la colección es Carlos Yushimito del Valle con su cuento, El mago. En él, un hombre no comprende porque tiene la necesidad de entrar al espectáculo de un mago.

Joel Huaccho

domingo, 8 de julio de 2012

Salón de belleza - Mario Bellatin




Pocos libros que hablan sobre la homosexualidad y el SIDA son tan buenos como este. El cine, la televisión y algunos relatos, acostumbró al lector a l homosexual exagerado que es el alma o la burla del barrio.

Esta novela corta de Mario Bellatin, un mexicano que por circunstancias personales se traslado a Perú donde dio a conocer su obra literaria, nos traslada a la década de los 80 y los inicios del SIDA en la comunidad Gay. La historia de un homosexual sin nombre que  es dueño de un prospero salón de belleza; además de ser aficionado a la crianza de peces (este gusto lo llevara a decorar con peceras su establecimiento) es atacado por una enfermedad que lo consume de a pocos (aunque no precisa el nombre de la enfermedad, se deduce por la descripción de los síntomas que se refiere al SIDA). La perdida de sus compañeros hará que él convierta el salón de belleza en un moridero. Los peces, como los habitantes del salón se van extinguiendo junto con la vida y las esperanzas del dueño.

 El relato, explica en modo de moraleja que la verdadera bondad es la anónima. Con un final inconcluso pero que se predice al instante.





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miércoles, 27 de junio de 2012

El juego del ángel - Carlos Ruiz Zafón



"Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio."

            El juego del ángel. Carlos Ruiz Zafón







Todos tenemos un sueño y más David Martín (personaje principal en el Juego del ángel) quien de niño perdió a su padre que fue asesinado ante sus ojos. Solo en el mundo, alojado en la redacción de un periódico (La voz de la industria), ahí conocerá a Pedro Vidal un distinguido personaje aristocrático que ayuda al desafortunado huérfano. El gusto por los libros lo llevara a la librería Sempere e hijos donde conocerá a un librero que lo ayudara en sus sueños literarios. La oportunidad llegara cuando el subdirector del periódico, don Basilio Moragas, le propondrá publicar un conjunto de cuentos en el periódico, David, emocionado comienza a redactar y su colección de relatos bautizado con el nombre de Los misterios de Barcelona que se convertirán en un éxito.

La envidia ocasiona que abandone el periódico que lo vio crecer. Pedro Vidal le ayuda a que sea contratado por una nueva editorial que es conducido por dos personajes ambiciosos que no tienen noción ni gusto por los libros. Allí publicara el conjunto de relatos, La ciudad de los malditos, que firma con el seudónimo de Ignatius B. Samson.

Años después agotado y agobiado por una enfermedad que poco apoco lo consume decide abandonar la publicación de La ciudad de los malditos que ya va numerosos tomos y un éxito indiscutible. 

Un tumor en el cerebro amenaza su vida, la joven de la cual está enamorado se aleja y  sus editores lo presionan para que continúe escribiendo La ciudad de los malditos. Es en esas circunstancias cuando recibe la propuesta de un inquietante editor francés (Andreas Corelli) propietario de Ediciones  Lumiére quien le pide que escriba un libro como no se ha escrito jamás, capaz de cambiar vidas. David Martín acepta y es en ese momento su vida da un giro extraño. 


martes, 12 de junio de 2012

El psicoanalista - John Katzenbach

"Feliz 53 cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte.
Pertenezco a algún momento de su pasado.
Usted arruino mi vida. Quizá no sepa cómo, por qué o cuándo, pero lo hizo (...)
Arruinó mi vida. Y ahora estoy decidido a arruinar la suya.
Al principio pensé que debería matarlo para ajustar las cuentas, sencillamente. Pero me di cuenta de que eso era demasiado sencillo (...)
Demasiado fácil. Acecharlo y matarlo no habría supuesto ningún desafío. Y, dada la facilidad de ese asesinato, no estaba seguro de que me proporcionara la satisfacción necesaria. He decidido que prefiero que se suicide.
Suicídese, doctor.
(...)
Verá, vamos a jugar a lo siguiente: tiene exactamente quince días, (...) para descubrir quién soy.”


Así comienza la carta anónima que recibe el psicoanalista Frederick Starks, el día que cumple 53 años. Esta amenaza lo obligara a averiguar la identidad del psicópata que lo persigue; para eso tendrá que emplear toda     su astucia y análisis que su profesión le proporciona.

Si no es capaz de resolver el acertijo en 15 días tendrá dos opciones: suicidarse o cargar con la culpa de la muerte de sus familiares.

John Katzenbach nos sumerge en este excelente thriller psicológico que nos obliga a leerlo hasta el final.

A medida que se desarrolla la novela ocurren giros inesperados que por momentos nos llevan al borde de la emoción. Y que nos enseñan a desconfiar del resto ya que el enemigo puede estar en cualquier etapa de nuestra vida.
   






sábado, 9 de junio de 2012

El cazador de dinosaurios - Gabriel Rimachi


El hombre de traje oscuro se acomodó el cabello con un peine y dijo entre suspiros:
 — ¡Ahhh! Amigo mío, yo nací un día en que dios estuvo enfermo, por eso moriré una tarde de aguacero...  — y se alejó murmurando algo, sin despedirse.
Él lo vio alejarse y dijo: " ¡Ah! César, nunca cambiarás... estos poetas, tienen una necesidad tan grande de sufrir  para poder crear, eso no es vida. Ni hablar, yo nací un día que Dios estuvo inspirado". Y continúo su camino.

Es el fragmento de uno de los cuentos de nombre Técnica mixta (210 x 297 mm.).

El cazador de dinosaurios (Altazor, 2009) una antología personal del autor.

«Siento, como autor, que no me corresponde decir cuales son los “mejores” textos que he escrito (…) en todo caso, si creo que esta selección  debería incluir los cuentos que tienen un valor sentimental y personal (…)»

Nos advierte el autor a manera de prologo.

Es una selección extraña, una mezcla de textos que son disimiles entre si y los pocos rasgos que los relacionan son escasos.

Textos narrados en primera, segunda y tercera persona. En algunos casos, Es el personaje quien cuenta su historia, en otras alguien cercano al personaje y en algunos casos el propio autor.

Contiene cuentos que se releen por su calidad, como también, algunos que se leen de un tirón.

La noche de la fea, La noche del campeón y Sin mirara atrás. Cuentos  con contenido erótico, otros poéticos y sensibles como canto al infierno y orquídeas marchitas, llenos de humor como El cazador de dinosaurios.

Técnica mixta (210 x 297 mm.): Junto con El cazador de dinosaurios y Orquídeas marchitas uno de mis preferidos. Al mejor estilo de Woody Allen y su Media noche en París (pero antes), se sumerge en un mundo donde el tiempo  no existe y muchos artistas, escritores se encuentran con los protagonistas.






viernes, 8 de junio de 2012

La muerta - Juan José Millas


Cierto día, un compañero de colegio señaló en la calle a una mujer, diciéndome:
-Mírala, está muerta.
A mí me parecía imposible que una difunta se moviera con aquella naturalidad entre la gente. De hecho, sabía que era mentira, pero resultaba excitante creérselo, así que le seguí el juego. Mi amigo me aseguró que era capaz de distinguir a una mujer muerta entre mil mujeres vivas.
-¿Pero en qué lo notas?
-En nada en concreto y en todo a la vez. Si te fijas, van envueltas como en una burbuja de paredes invisibles. Cuando seas capaz de percibir esa burbuja, aprenderás a distinguirlas.
A los pocos días de esta conversación, iba dando patadas a las piedras por mi calle, cuando vi a una mujer dentro de la burbuja. La burbuja la puse yo seguramente, pero la mujer era completamente real. La seguí con disimulo hasta la Avenida de América, y luego por Francisco Silvela, hasta llegar a una ferretería en la que entró para salir al poco del brazo de un sujeto muy alto, con bigote a lo Clark Gable. El hombre estaba vivo, desde luego, y no trataba a la mujer como a un cadáver. Al contrario, se acercaba a su cuerpo cuanto le era posible, desplazando la pared de la burbuja hacia el otro lado, y le besaba el cuello a través de esa membrana que parecía no detectar. Entraron en un bar que hacía esquina con la calle de Méjico y se comieron un bocadillo de calamares cada uno. Cuando ella alargaba el brazo para tomar de la barra el vaso de cerveza, sacaba la mano de la burbuja sin romperla, del mismo modo que algunos objetos son capaces de penetrar en una pompa de jabón.
Comencé a centrar mi atención en él. Parecía el prototipo de individuo mundano que por entonces yo mismo aspiraba a ser. Una persona con clase, pensaba ingenuamente, debe moverse con la misma naturalidad entre los muertos y los vivos. Aquel hombre actuaba con una soltura increíble y sabía en qué momento tenía que abrocharse o desabrocharse el botón de la chaqueta o pasarse el dedo índice por el extremo del bigote, como para recoger, más que una miga de pan, un pensamiento. Al salir del bar, él la tomó de la cintura y la atrajo hacia sí con tal violencia que la sacó sin darse cuenta de la burbuja. Entonces abandoné la persecución con la idea romántica de que el amor consiste en rescatar al otro de la muerte, y decidí esperar mi oportunidad.
A los pocos meses llegó al barrio una chica nueva, con burbuja. Era muy joven para estar muerta, pero lo consulté con mi amigo y me dijo que las había de todas las edades.
-Una prima mía de tres semanas está muerta también.
-¿Y qué dicen sus padres?
-No lo saben. La mayoría de la gente no ve la burbuja.
Me enamoré como un loco, y, cuando logré reunir el dinero suficiente, la invité a un bocadillo de calamares en el bar de Francisco Silvela esquina a Méjico. Luego intenté acercarme para rescatarla de la burbuja, pero no se dejó. Y al día siguiente, cuando pasé cerca de un grupo en el que se encontraba ella, noté que me señalaba con expresión de burla. Estaba presumiendo de haberme sacado un bocadillo de calamares, que para nosotros era una fortuna. Entonces, pese a mi timidez, me acerqué al grupo y, apuntándole al pecho con el dedo, le dije:
-Estás muerta. No vayas a creerte que no lo sé.
Todas sus amigas se alejaron un poco, como con miedo a contagiarse, y desde entonces arrastró una vida solitaria, que yo tampoco intenté aliviar, aunque me lo pedía con los ojos. Se casó con un muerto de hambre con el que asiste a misa de difuntos todas las semanas. ContinCa en el barrio, y, cuando me acerco por allí, a ver a mis padres, se hace la encontradiza para que la libere de la burbuja en la que sigue atrapada. Pero ahora, aunque quisiera, no podría, porque yo mismo he ido encerrándome durante todos estos años dentro de una membrana transparente y flexible de la que sólo podría rescatarme una mujer viva.


Este relato fue tomado del libro Los objetos nos llaman de Juan José Millas



miércoles, 9 de mayo de 2012

Por falta de palabras – Haruki Murakami





 Un hermoso cuento del autor de Kafka en la orilla, 1Q84, Tokio blues. Vale la pena






 Una bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.

A decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven – debía andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto.

Quizá tú tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de junto porque me gusta la forma de su nariz.

Pero nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo preconcebido. Por mucho que me gusten las narices, no puedo recordar la forma de la de ella – ni siquiera si tenía una. Todo lo que puedo recordar de forma segura es que no era una gran belleza. Extraño.

– Ayer me crucé en la calle con la chica 100% perfecta – le digo a alguien.
– ¿Sí? – Él dice – ¿Estaba guapa?
– No realmente.
– De tu tipo entonces.
– No lo sé. Me parece que no puedo recordar nada de ella, la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho.
– Raro.
– Sí. Raro.
– Bueno, como sea – me dice ya aburrido –  ¿Qué hiciste? ¿Le hablaste? ¿La seguiste?
– Nah, sólo me crucé con ella en la calle.

Ella caminaba de este a oeste y yo de oeste a este. Era una bella mañana de abril.

Ojalá hubiera hablado con ella. Media hora sería suficiente: sólo para preguntarle acerca de ella misma, contarle algo acerca de mi, y –lo que realmente me gustaría hacer- explicarle las complejidades del destino que nos llevaron a cruzarnos uno con el otro en esa calle en Harajuku en una bella mañana de abril en 1981. Algo que seguro nos llenaría de tibios secretos, como un antiguo reloj construido cuando la paz reinaba en el mundo.

Después de hablar, almorzaríamos en algún lugar, quizá veríamos una película de Woody Allen, parar en el bar de un hotel para unos cócteles. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.

La posibilidad toca en la puerta de mi corazón.

Ahora la distancia entre nosotros es de apenas 15 metros.

¿Cómo acercármele? ¿Qué debería decirle?

– Buenos días señorita, ¿podría compartir conmigo media hora para conversar?

Ridículo. Sonaría como un vendedor de seguros.

– Discúlpeme, ¿sabría usted si hay en el barrio alguna lavandería 24 horas?

No, simplemente ridículo. No cargo nada que lavar, ¿quién me compraría una línea como esa?

Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos días, tú eres la chica 100% perfecta para mí.

No, no se lo creería. Aunque lo dijera es posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que yo sea la chica 100% perfecta para ti, pero tú no eres el chico 100% perfecto para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se trata madurar.

Pasamos frente a una florería. Un tibio airecito toca mi piel. La acera está húmeda y percibo el olor de las rosas. No puedo hablar con ella. Ella trae un suéter blanco y en su mano derecha estruja un sobre blanco con una sola estampilla. Así que ella le ha escrito una carta a alguien, a juzgar por su mirada adormecida quizá pasó toda la noche escribiendo. El sobre puede guardar todos sus secretos.

Doy algunas zancadas y giro: ella se pierde en la multitud.



Ahora, por supuesto, sé exactamente qué tendría que haberle dicho. Tendría que haber sido un largo discurso, pienso, demasiado tarde como para decirlo ahora. Se me ocurren las ideas cuando ya no son prácticas.

Bueno, no importa, hubiera empezado “Erase una vez” y terminado con “Una historia triste, ¿no crees?”



Erase una vez un muchacho y una muchacha. El muchacho tenía dieciocho y la muchacha dieciséis. Él no era notablemente apuesto y ella no era especialmente bella. Eran solamente un ordinario muchacho solitario y una ordinaria muchacha solitaria, como todo los demás. Pero ellos creían con todo su corazón que en algún lugar del mundo vivía el muchacho 100% perfecto y la muchacha 100% perfecta para ellos. Sí, creían en el milagro. Y ese milagro sucedió.

Un día se encontraron en una esquina de la calle.

– Esto es maravilloso – dijo él – Te he estado buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero eres la chica 100% perfecta para mí.

– Y tú – ella le respondió – eres el chico 100% perfecto para mi, exactamente como te he imaginado en cada detalle. Es como un sueño.

Se sentaron en la banca de un parque, se tomaron de las manos y dijeron sus historias hora tras hora. Ya no estaban solos. Qué cosa maravillosa encontrar y ser encontrado por tu otro 100% perfecto. Un milagro, un milagro cósmico.

Sin embargo, mientras se sentaron y hablaron una pequeña, pequeñísima astilla de duda echó raíces en sus corazones: ¿estaba bien si los sueños de uno se cumplen tan fácilmente?

Y así, tras una pausa en su conversación, el chico le dijo a la chica: Vamos a probarnos, sólo una vez. Si realmente somos los amantes 100% perfectos, entonces alguna vez en algún lugar, nos volveremos a encontrar sin duda alguna y cuando eso suceda y sepamos que somos los 100% perfectos, nos casaremos ahí y entonces, ¿cómo ves?

– Sí – ella dijo – eso es exactamente lo que debemos hacer.

Y así partieron, ella al este y él hacia el oeste.

Sin embargo, la prueba en que estuvieron de acuerdo era absolutamente innecesaria, nunca debieron someterse a ella porque en verdad eran el amante 100% perfecto el uno para el otro y era un milagro que se hubieran conocido. Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran. Las frías, indiferentes olas del destino procederían a agitarlos sin piedad.

Un invierno, ambos, el chico y la chica se enfermaron de influenza, y tras pasaron semanas entre la vida y la muerte, perdieron toda memoria de los años primeros. Cuando despertaron sus cabezas estaban vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.

Eran dos jóvenes brillantes y determinados, a través de esfuerzos continuos pudieron adquirir de nuevo el conocimiento y la sensación que los calificaba para volver como miembros hechos y derechos de la sociedad. Bendito el cielo, se convirtieron en ciudadanos modelo, sabían transbordar de una línea del subterráneo a otra, eran capaces de enviar una carta de entrega especial en la oficina de correos. De hecho, incluso experimentaron otra vez el amor, a veces el 75% o aún el 85% del amor.

El tiempo pasó veloz y pronto el chico tuvo treinta y dos, la chica treinta

Una bella mañana de abril, en búsqueda de una taza de café para empezar el día, el chico caminaba de este a oeste, mientras que la chica lo hacía de oeste a este, ambos a lo largo de la callecita del barrio de Harajuku de Tokio. Pasaron uno al lado del otro justo en el centro de la calle. El débil destello de sus memorias perdidas brilló tenue y breve en sus corazones. Cada uno sintió retumbar su pecho. Y supieron:

Ella es la chica 100% perfecta para mí.

Él es el chico 100% perfecto para mí.

Pero el resplandor de sus recuerdos era tan débil y sus pensamientos no tenían ya la claridad de hace catorce años. Sin una palabra, se pasaron de largo, uno al otro, desapareciendo en la multitud. Para siempre.

Una historia triste, ¿no crees?



Sí, eso es, eso es lo que tendría que haberle dicho.





Este cuento aparece en la colección de relatos The Elephant Vanishes.





viernes, 27 de abril de 2012

Escena de Caza de Iván Thays


¿Alguna vez han intentado seguir a través del cielo el curso de un pájaro especialmente ágil? ¿Lo han visto desaparecer entre el pasadizo de las nubes y aparecer con las alas extendidas, y volver a perderlo de vista mientras se interna en esos antiguos corredores de hotel hasta ocultarse para siempre? Todos tenemos algo de nefelibatas. Todos tenemos ese instinto inexplicable de mirar al cielo cuando esperamos  milagros. A todos, los pájaros nos dicen algo, nos cuentan cosas, como si fuesen ángeles.

Así comienza Escena de Caza, la primera novela de Iván Thays, el celebre peruano que actualmente escribe el blogs Vano Oficio alojado en el diario El País.

Narra la historia de un joven fotógrafo  que trabaja en un instituto de publicidad como profesor y se enamora de una de sus alumnas de nombre Beatriz .Son de dos mundos distintos; él, de clase media conservadora y ella perteneciente a una familia adinerada. La decisión de vivir juntos en un apartamento “En realidad, sólo nuestro entusiasmo podía llamar departamento a aquel reducido cubículo” (como lo describe el protagonista) ocasionara que se den cuenta del verdadero sentido del amor. Pronto, el protagonista a quien Beatriz cariñosamente bautiza como Bicho; cumple uno de sus sueños: viajar a España para conocer las cuevas de Altamira. En su accidentado viaje conoce a ilse una modelo que adopta diálogos de películas en sus conversaciones y quien insiste que la llamen Damita. Con ella descubrirá un nuevo concepto de deseo, y es ese impulso que ocasiona grandes estragos en la relación con Beatriz.

La reflexión intensa del protagonista nos sumerge a un mundo real y nos abren camino a una nueva forma de ver el amor, el deseo y el perdón.

El comienzo de cada párrafo plagado de filosofía ínsita a la reflexión y pronto descubres que son palabras que están dentro de ti pero que nunca te atreves a pensar.
Dentro de un dialogo que comienza como una simple conversación entre dos personas y que en verdad contiene el desahogo del protagonista y pronto se convierte en mi pagina favorita.

La novela está escrita en primera persona, da la sensación que es el protagonista quien se sienta a tu lado y te va narrando la historia como si fuese un amigo y que a pesar de ser su historia puede llegar a formar parte de ti. Esto crea un ambiente cálido entre el protagonista y el lector.

Frases:

  • “Haya recuerdos que llegan demasiado tarde a la vida de uno.”
  • “Pero a veces hay que ser egoísta para ser feliz.”